lunes, 19 de diciembre de 2016

Aroma de jazmines, sabor de pan dulce



Se desploma en la mecedora, al lado de la ventana. Tampoco allí corre aire, pero puede entretenerse mirando un retazo de la vereda de enfrente, donde los chicos de la cuadra siempre juegan bajo las ramas del paraíso. Es su punto de reunión y hay unos cuantos agachados alrededor de algo que no alcanza a ver. Se apartan rápidamente, una luz chisporrotea y explota en la vereda. La señorita Irene se sobresalta: otra vez los cohetes, su corazón ya no está para esos ruidos. Y pensar que de chica la divertían tanto. Qué hermosa época, cuando la casa apenas podía contener a los parientes. Ahora, en cambio, se ha convertido en un cascarón vacío. Han de estar cerca de las fiestas, no hay vuelta que darle, las fechas y los meses se le van de la cabeza. Sin embargo, no debe faltar mucho, Camila su sobrina nieta predilecta armó el árbol de Navidad junto a la chimenea. Además lo huele en el aire: los jazmines floreciendo en el jardín, la pólvora de los cohetes y esa cosa impalpable que ella percibe como un perfume. El espíritu de las navidades, eso es. El pesebre, Papá Noel, el esponjoso pan dulce que preparaba la abuela genovesa. Filamentos de recuerdos toman forma en su memoria.
¿Qué día es hoy? ¿Y el año? El mes, con certeza, es diciembre. Ella es de mil novecientos dieciocho y vagamente cree recordar que hace poco le festejaron los noventa. El tiempo presente es niebla, le parece que estuviera desandando el camino, de vuelta al pasado.
El abanico va, viene y remueve el aire sofocante. La señorita Irene sacude la cabeza y sonríe. La Navidad en su infancia no era Navidad sin la cartita a Papá Noel. Ella no escribía solo pidiendo juguetes, no. Primero contaba que había pasado de grado, que de grande le gustaría ser enfermera de la Cruz Roja, porque si había otra guerra se ofrecería como voluntaria porque no se iba a casar jamás. Al final, achicando notablemente la letra, casi con pudor, agregaba el pedido.
Un veinticinco de diciembre, junto al regalo encontró un sobre que decía: A Irene. Adentro había una esquela felicitándola por ser una niñita dócil y estudiosa, pero no debía decir que no iba a casarse, qué mejor destino podía esperar una mujer que el de ser esposa y madre. Abajo estaba firmado Papá Noel. Todos leyeron la carta y Jorge, el amigo de su hermano, le dijo despacito al oído que cuando fueran grandes se casaría con ella. Irene se había puesto colorada, bajó los ojos y se le escapó una sonrisa de alegría.

Diego Aguilera termina de vestirse frente al espejo del ropero. Piensa que esa changa* le cayó en el momento justo. Las últimas lucas* se las acaba de patinar en Madam Ivón, la yegua que era una fija y que al final entró quinta. Y Araceli —esa otra yegua— lo tiene podrido pidiéndole que pague lo que saca fiado. Si no la corta, le va a dar una patada en ese flor de culo que dios le dio y que vaya a cantarle a Gardel. Claro, no es tan fácil. A él todavía le gusta, no con el metejón* del principio, nada es eterno y menos un metejón. Se conoce, él no sabe andar solo y qué mina le va a dar bolilla si está en la lona*.
Al mirarse en el espejo le asoma una expresión de disgusto. Lo que parece, a lo que tuvo que llegar. No pega una y Araceli machacando con eso de que a él no le tira laburar. Seguro, sin un oficio, lo que hizo desde que era pibe fue rebuscárselas.
Los cuatro mangos* que cobre por la changa le servirán para la sidra, el pan dulce, una boludez para Araceli y chau. Las fiestas son una mierda y él, lo único que pretende, es sentarse bajo la parra del patio, delante de una mesa en la que abunden botellas y no moverse de ahí hasta que el cielo se vuelva del color del vino blanco y no haya más que chupar.
Siempre le agarra una cosa amarga, una especie de rebeldía a esa altura del año. Como una borrachera triste, algo que le quema por dentro, trayéndole pensamientos roñosos, acordarse de los que no están más, de los que nunca estuvieron, de las Nochebuenas miserables de cuando era pendejo o de otras desesperadas y solitarias.
Diego Aguilera, con un movimiento de impaciencia, toma la bolsa y sale.

El abanico yace sobre sus rodillas; las manos delgadas, con el dorso cubierto de pecas castañas, apenas lo sostienen. La señorita Irene cabecea en la mecedora y sueña con Jorge, que al cumplir los veintiuno se va a estudiar a Boston. Y ella, con veinte, no tiene con quien casarse, pero no le importa porque aparece Papá Noel, grandote,  bonachón y le pide que sea su secretaria. La señorita Irene se pone un un gorrito y una larga capa roja ribeteada con piel blanca, y desde un trineo volador, controla la larga lista de regalos que faltan entregar.
El abanico se le resbala por las piernas y cae al piso con un chasquido. Abre los ojos. No se acuerda bien qué fue de Jorge, si volvió de Boston. Ella estudió enfermería, aunque no la dejaron embarcarse y ayudar en la Segunda Guerra Mundial. Había tantos familiares que envejecían y la necesitaban acá: los abuelos, después papá y mamá y las cuñadas que precisaban un refuerzo con los bebitos cuando crecían y se contagiaban el sarampión o las paperas, quién mejor que ella para atenderlos.
Anocheció, debería encender el velador, prefiere quedarse así, está más fresco. Se incorpora con una repentina sensación de vértigo. La señorita Irene apoya la nuca en el respaldo de la mecedora y suspira. Camila y los otros que a veces la visitan ¿cómo es que se llaman?, consideran que no es conveniente que viva sola en la casona. Un día había guardado la plancha en la heladera; es cierto que no se acuerda ni lo que comió el día anterior. Le dicen: y si te descomponés cuando la chica de la limpieza se va. No es una vieja chocha, todavía se siente fuerte y se basta a sí misma. Su memoria es mala, se le confunden los tiempos o se distrae fácilmente con recuerdos. De la casa familiar la sacarán con los pies para adelante.

Repartir los volantes con este calor, empilchado* y haciéndose el simpático, es algo que no le cabe. Las cuadras del centro comercial son un hervidero, todos salieron a comprar a último momento, cómo se ve que en este barrio hay mosca*. Estaba creído que esas fiestas iban a ser diferentes, con el dato de Madam Ivón pensó que por una vez en su puta vida la suerte le sería favorable. Eso es tener yeta*, él parece que nació enyetado. Ojalá que los chupasangre para los que labura Araceli le adelanten unos mangos.
Qué lo tiró, encima pasar la Nochebuena con los viejos de Araceli, más los otros yernos, nueras, la mocosada que grita. Manga de lameculos. Y él, Diego Aguilera, también, y un maricón, que se rebajó a aceptar esta changa y así evitar que Araceli le arme un bolonqui*.
Corre un vientito suave y le viene bien caminar por esas calles tranquilas, con árboles altos y casas finas, donde sobran las flores y los autos espectaculares. Él estará siempre del lado de afuera, caminando y llenándose los ojos con ventanales iluminados, gente que cacarea como gallinas y toma champán. Mientras, él no tiene donde caerse muerto y a sudar la gota gorda vestido de Santa Clós. Queda mejor decir Santa Clós, le había aclarado el tipo de la juguetería que lo contrató toda la semana para que diera vueltas en la puerta del shopping repartiendo volantes. En verano y con más de 30 grados. 
Diego Aguilera observa una casa con las luces apagadas. Es la más vieja de la cuadra, pero mantiene un aire distinguido. Qué lindo olor a jazmines, el jardín está descuidado, después de las fiestas podría ofrecerse a sacar los yuyos y emprolijar los canteros, le gusta trabajar con las plantas, tiene buena mano.
Le agarra una cosa en la garganta como cuando la vieja le daba con el cinto y él se esforzaba por no llorar. Sin darse cuenta abre el portoncito de madera; los árboles de la calle son tan tupidos que tapan el farol de la esquina. No sabe por qué está caminando por esa galería lateral ¿y si lo ve algún vecino, qué bolazo* va a decir? Que quiere estar del lado de adentro y probar qué se siente ¿quién va a creerle? Te van a tomar por un chorro* y habrás hecho de todo en tu vida: robar, nunca robaste, dice entre dientes Diego Aguilera. La galería desemboca en un patio. Hay una ventana que está abierta. Una verdadera tentación.

La señorita Irene se levanta, debe bajar a la cocina y cenar lo que le dejó la chica. A lo lejos se escucha el estruendo de los petardos y, como relámpagos, los reflejos de fuegos artificiales. Sosteniéndose del pasamanos adelanta un pie para bajar el primer peldaño, cuando un ruido la inmoviliza. Su memoria será mala, pero su oído es de tísica, como decía la abuela genovesa.
El vestido de la señorita Irene es un manchón pálido en la punta de la escalera. Bajar la escalera a oscuras, se va a matar; la acomete una risita traviesa, que ahoga en el hueco de la mano. Se aferra de la baranda y busca el borde del escalón. Es como jugar a la gallina ciega de nuevo. Y vuelve a sofocar la risita.

Fueron a dejar un banquito justo en el medio de la cocina. Diego Aguilera lo aparta, espera unos segundos antes de seguir adelante. Tranquilo, macho, no hay nadie en la casa, los que tienen mosca son salidores, capaz que se fueron a festejar a un restorán cerca del río. Es apenas una sombra flexible desplazándose por un corredor penumbroso que termina en un salón grande.
Parece la cancha de Ríver, ríe y se baja la barba y los bigotes que le pican por el calor y con la palma se seca la cara húmeda. Y ahora a fumarse un pucho. Saca la caja de fósforos y prende uno. Ve un árbol de Navidad que llega hasta el techo. Qué los parió y él, de chico, no pudo tener ni uno ranfañoso* de plástico. Se hubiera vuelto loco por colgarle los adornos y poner la estrella en la rama más alta. Sobre la repisa de la chimenea hay un velador con una pantalla opaca que no debe dar mucha claridad. Cuántas chucherías juntan los ricos: ese reloj y esos floreros  les deben haber costado una fortuna.
Al fondo del salón ve una escalera, camina unos pasos, se detiene cuando oye un crujido.

Baja el último escalón, qué prodigio, lo hizo sola y a oscuras, sin el bastón, que quedó arriba con los anteojos. Se lo va a contar a Camilita, qué raro que no la llamó para desearle feliz Navidad. En el fondo de la sala la lámpara está encendida, se habrá olvidado de apagarla. Tantea en la pared, buscando el interruptor. La araña de caireles se ilumina con su brillo de falsos diamantes.
Es Nochebuena nomás, y ahí está Papá Noel que bajó por la chimenea a dejar los regalos. Vino aunque ella no haya mandado ninguna carta, tal vez sí, la mandó y no se acuerda, está allí, esperándola, con su bolsa roja llena de regalos.
La señorita Irene ríe y extiende los brazos y con una voz gorjeante dice: Querido Papá Noel, siempre te quise conocer, me quedaba espiando por si te veía y hoy te pesqué justito. ¿No te querés quedar a cenar?
Diego Aguilera se queda clavado junto al árbol y de un tirón se sube la barba. Qué hace esa vieja pirada*, cómo la dejaron sola en Nochebuena. No reconoce su propia voz, quizás camuflada por el algodón de los bigotes, que contesta: Claro que sí, nunca hay que despreciar una invitación.



©  Mirella S.   


Glosario
Changa: trabajo temporal.
Lucas/mangos/mosca: pesos, dinero.
Metejón: enamoramiento.
Estar en la lona: en mala situación económica.
Empilchado: vestido.
Bolonqui: lío, discusión.
Yeta: mala suerte.
Bolazo: mentira.
Chorro: ladrón.
Ranfañoso: miserable.
Pirada: loca, chiflada.


Es tan viejo el relato, que no recuerdo el año que lo escribí.
Estoy como la señorita Irene...
A pesar de ser largo, espero les resulte entretenido.

¡Felicidades y abrazos para todos!




74 comentarios:

  1. siempre el hombre de rojo ( o verde ) no desaprovechar la ocasión para aceptar tan sutil invitación

    besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No tan sutil, Oscar, la invitación fue bien directa...
      Gracias y abrazos.

      Eliminar
  2. Alucino con lo que escribes.
    Mira que habré comprado libros en mi vida de escritores que no te llegan a la suela de los zapatos...
    De verdad que eres una escritora magnífica.
    Desde las descripciones hasta la trama.
    Tienes un don.

    Gracias por compartirlo.

    Abrazo para ti y pásalo lo mejor que puedas.

    Y un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me da mucho gusto que lo sientas así, Xavi. Yo nunca quedo conforme, siempre me parece que algo no está del todo bien. Ése es mi problema y ahora me encuentro totalmente trabada para escribir.
      Que las fiestas tampoco a vos te resulten tan pesadas.
      Otro abrazo bien grande.

      Eliminar
  3. Respuestas
    1. Gracias, Chaly, contenta de que lo disfrutaras.
      Besos.

      Eliminar
  4. Una historia original y muy bien contada Mirell! La disfruté muchísimo y me la leí de un tirón embobada.

    Eres lo más para contar relatos, describes de una forma increíble cada situación y al leerte puedo visualizar lo que cuentas.

    P.D.me gustó saber el significado de palabras que no había oído en mi vida.

    Un abrazo y cuídate mucho.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El léxico de Diego es medio complicado para ustedes, por eso puse el glosario e incluso saqué algunas expresiones muy porteñas porque la mayoría de los lectores son de España o latinoamericanos.
      Gracias por tus palabras elogiosas y me da gusto que el relato te haya atrapado.
      Abrazos, Carmencita, espero que tus cosas estén mejor.

      Eliminar
  5. Me dan ganas de quedarme aquí, en tu mundo Mire
    huele a jazmines frescos y a pan recién hecho
    huele a ternura y a la calidez humana

    Emociona leerte, nomas (como decís por ahí)


    Un abrazo gordito y Felicidad para ti, hermosa¡¡

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno María, gracias por tus apreciaciones, aunque mi mundo es bastante denso y melancólico, no me salen historias alegres y despreocupadas. Pero me agrada que lo veas así ¿será porque en algo nos parecemos?
      Un fuerte abrazo, linda.

      Eliminar
  6. Que historia mas bonita, que bien huele y que bien se lee, es lo que pasa cuando quien escribe es una gran escritora que domina el estilo y el modo. Un aplauso preciosa y gracias. Muchos abrazos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Por aquí es la época de los jazmines, mi flor preferida. El olor del pan dulce recién hecho es una delicia.
      Gracias a vos, querida Ester por leerme siempre y disfrutar de mis historias.
      Un gran abrazote.

      Eliminar
  7. Pues a mi se me ha hecho corto y rápido como un rayo en medio de una tempestad de buenas letras, querida Mirella.
    De verdad, sé que lo digo siempre, pero es de verdad...escribes de maravilla y te viene de leos por lo que dices.
    La vida es así...lo que para unos es cúmulo de festejos, diversión y alegría, para otros puede ser una catástrofe. Y mientras tanto la vida pasa, los sueños, las ilusiones...pasado, presente y futuro se entremezclan en estas dos vidas que a la postre se encuentran deslizándose en el mismo instante con distintos latidos, pero ahí están...
    Me ha encantado, como siempre.
    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Siempre escribí, con altos y bajos y períodos de silencio. El blog me sirvió para pulir errores y ser más organizada, además de conocer gente encantadora.
      Actualmente estoy en otra de las etapas de sequía y hago lo que puedo. Diciembre no contribuye tampoco, me siento cansada y es un mes que no me gusta.
      Gracias por leerme y dejar comentarios tan entusiastas. Ayudan a seguir en la senda de las letras.
      Un abrazo grande, Marinel.

      Eliminar
  8. ¡Que bonita y nostálgica historia! Ha sido como acompañar a la señorita Irene en su desandar por la vida, y con el aroma de los jazmines, que tanto me gusta. Escuché que para alguno/as, cuando se va teniendo avanzada edad se recuerda el pasado mejor que el presente.

    Ha sido muy entretenido, Mirella, me alegro de que lo sacaras a la luz.
    Un fuere abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así dicen, pero hay que ver si realmente no son recuerdos que se fueron transformando, gran tendencia de la memoria que idealiza y adorna lo que se vivió como bueno.
      Quedo agradecida por tu lectura y tu comentario, Mila.
      Otro gran abrazo para vos.

      Eliminar
  9. Intenso relato, y me ha gustado mucho tal y como lo narras. Por cierto muy buena esa jerga de palabras y su traducción, para que quedemos más enterados. Un placer como siempre el pasar por tu casa, para leer tan magnificas entradas.

    Besos y abrazos Mirella.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si no hubiera puesto el glosario muchas cosas no se habrían entendido y, de paso, los no porteños se entretienen con palabras coloquiales desconocidas.
      Te agradezco siempre tu puntualidad para comentarme, querido Rafa, sos un lector de fierro, leal y de los primeros que aparecieron por el nido.
      Abrazos al por mayor.

      Eliminar
  10. Una historia muy bien relatada.La foto es preciosa.
    Te mando un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Marisa, me alegra que te fueras conforme y apreciaras también la foto.
      Besos, guapa.

      Eliminar
  11. La historia, una belleza, muy bien urdida y magistralmente contada, es triste pero tiene magia su final, me río del personaje de Diego y sus Madam Ivón, fijas que nunca ganan, alguna vez pasé por eso.
    ¡Un placer leerte, Mirel!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así que resultaste burrero jajajaja... Diego es muy porteño y cuando lo escribí le había puesto más expresiones lunfardas, se las saqué porque son pocos los argentinos que me leen.
      Gracias, Edu, gustosa que te agradara la trama y pasaras un buen momento en el nidito.
      Abrazo.

      Eliminar
  12. Me encanta tu historia, el ambiente que has creado. Es facil introducirse en el relato que casi lo vives en forma teatral.

    Es un placer leerte Mirella.

    Besitos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muy amable, Nieves, espero que todos los giros muy localistas no te hayan dificultado la lectura.
      Un abrazo, linda.

      Eliminar
  13. Como los halagos ya los han hecho mis contertulios y por supuesto los encuentro justos, pues me encargaré, con tu permiso, amiga Mirella, de hacerte la crítica, que seguro te interesará más.
    El círculo lo has cerrado bastante bien uniendo ambas historias simultáneas, donde destacan las descripciones, algunas muy ocurrentes, como las que narras en porteño, da la impresión que te apasiona profundizar y sacarle lustre a ese "viejo calzado". Te vas a reir, pero me enganchaste con el porteño, ya incluso intuyo el significado cuando lo leo del tirón y después me dedico como una alumna a consultar las "soluciones" y bueno...ahí voy tirando.
    Me ha llamado la atención, el recurso del abanico a la hora de marcar tiempos, de ayer y de ahora, con esos movimientos y caída.
    La construcción de ambos personajes, un notable, pues logras que empaticemos con ellos, quizás más fácilmente con Irene, con ese carácter dulce y travieso como una niña. Diego es mucho Diego y se tarda algo más en comprenderle.
    Discúlpame mi extensión al comentar, pero una historia como esta, no se puede contestar con unas líneas.
    Un gran abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No es fácil empatizar con Diego, es amargo y resentido por su condición social y usa un lenguaje crudo, sin vueltas.
      Tiene algunos puntos en común con Irene, la soledad y que ninguno de los dos pudo desarrollar su vida, con la diferencia de que ella se sometió dócilmente a lo impuesto por la familia.
      Cuando lo escribí me costó encontrar el final adecuado y de todos los que pensé, este me resultó el menos malo, porque finalmente une a los personajes sin tragedia y hasta con un toque de humor.
      Te agradezco mucho el tiempo que te tomas para leer y analizar el relato.
      Un fuerte abrazo, Estrella.

      Eliminar
  14. Un placer leerte siempre Mirella. Hoy te quiero dejar un comentario para desearte paz y felicidad. Abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegro de que te gusten mis textos y más por habérmelo hecho saber.
      Te agradezco los augurios, los retribuyo y también que obtengas lo que busques y necesites en el próximo año.
      Un abrazo, María Pilar.

      Eliminar
  15. Muy buen relato Mirella. Tienes una capacidad increíble para montar historias.

    Felices fiestas!!!

    Abrazos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Qué bueno que lo disfrutaras, Esme, también muchas felicidades para vos.
      un gran abrazote.

      Eliminar
  16. Es un relato hermoso, Mirella. Mirá, si la mujer nació en 1918 y tiene noventa, el relato lo habrás escrito en el 2008, más o menos.
    Aplaudo la actitud del final tipo.
    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muy perspicaz, Raúl, es cierto, haciendo la cuenta lo debo haber escrito ese año.
      Como sos de los contados argentinos que me leen, imaginé que te gustaría.
      Al final, Diego tenía su corazoncito...
      Gracias y felicidades.

      Eliminar
  17. Lo imprimí para leerlo en el viaje en tren de vuelta a casa. Acá no me dejan concentrarme, estamos en la vorágine de fin de año.
    Besote Mirella, estoy de vuelta en el blog. Iupi...jaja

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Dana, qué lindo gesto, espero que disfrutes del relato tranquila, es largo.
      Me alegra mucho que vuelvas a escribir y publicar.
      Nos seguiremos leyendo.
      Abrazos.

      Eliminar
  18. Bueno la viejita pirada no cenará sóla en nochebuena, como decimos por aquí. El Dieguillo tiene su corazón Mirella. También como a él a estas alturas del año, siempre vienen esos roñosos pensamientos ... demasiadas sillas vacías hay ya.
    Es un placer leerte. Me encantó.
    Que pases buenas fiestas amiga.
    Besos desde un Béjar muy frío.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me gusta tu porteño y me alegra que te hayas aprendido algunas palabritas. De mi parte también conocí expresiones típicamente españolas, gracias a la lectura de los blogs.
      También te auguro unas fiestas de paz y serenidad.
      Gracias por tu comentario, Laura.
      Un abrazo.

      Eliminar

  19. Hoy no sabría que decirte. Me queda un poso triste pensando en esas navidades de la señorita Irene.

    un abrazo
    y mis deseos de que pases una felices fiestas y un mejor y largo año nuevo.

    · LMA · & · CR ·

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No las pasó tan mal... imaginate, cenando con Santa Clós, no cualquiera.
      Muchas gracias, Bolo, también te deseo un feliz año para vos, lleno de nuevas imágenes.
      Abrazos.

      Eliminar
  20. Qué maravilla de cuento.
    Supongo que utilizas ese "glosario barriobajero" para darle fuerza a tu Diego Aguilera.
    Te diré que aunque no conocía la mayoría de esas palabras, las he sabido colocar dentro del contexto, logro tuyo por escribir tan bien.
    Un beso, Mirella

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muy amable, Torcuato, gracias por tu entusiasmo.
      Quise diferenciar bien la posición social de cada personaje, su procedencia y por lo tanto el leguaje.
      Me da gusto que hayas podido seguir con fluidez la lectura sin las interferencias de las expresiones típicas de estos lados.
      Un abrazo y felicidades.

      Eliminar
  21. Una narración impecable, esas dos historias que nacen solas y se unen en un final magnífico, la escritura cuidada a la que ya me estoy acostumbrando, un lujo literario, es hermoso leer tus cosas. Y del sentimiento, qué decir, que yo también soy nostálgico, que las fiestas me traen recuerdos tristes, que evocan una época de carencias. Que tuve una abuela casi como la que retratás y un tío parecido a Diego. Hay demasiadas similitudes como para que no me hayas conmovido ¿me creés si te digo que se me humedecieron los ojos?
    Mis mejores deseos y que tengas una ¡Feliz Navidad!
    Un beso Mirella.
    Ariel

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muy agradecida por la calidez de tus palabras y el comentario tan positivo.
      Es una época del año que creo se disfruta a fondo solo en la infancia, por el famoso "espíritu navideño", el armado del árbol, Papá Noel, los regalos, pero que cada vez se evapora más.
      También te deseo felices fiestas, con alegría y serenidad.
      Un abrazo, Ariel.

      Eliminar
  22. He tenido que mirar el significado de más de una palabra, lo admito, pero eso no le ha quitado ni el más mínimo encanto a tu historia navideña. Al final a todos nos engañan... y todos tenemos que soportar a alguien a quien no queremos ni ver, ¿verdad?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. También pienso lo mismo, como dije en el comentario anterior, quienes disfrutan son los niños, porque entre muchos de los adultos aparecen las rivalidades, resentimientos, críticas, etc. etc. Y unos cuantos (entre los que me incluyo) estamos esperando que pasen rápido y llegue el 2 de enero.
      Abrazos, Holden.

      Eliminar
  23. Las dos historias están muy bien trenzadas, son curiosas en esa unión y, a la vez, no dejan de presentar ese espíritu navideño (sea lo que sea eso). Me ha gustado el relato y su resolución, como siempre, ni un pero a la atmósfera ni a las historias. Creo, sin embargo, que se te ha escapado una errata aquí: "Bajar la escalera a oscuras, se va a matar;" o igual estoy en un error, pero supongo que la frase pide un "baja (Irene)"
    ¡Un abrazote, Mirella! ^_^

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El "bajar la escalera a oscuras" está puesto a propósito, porque tanto Irene como Diego hay momentos que es como si hablaran en primera persona, si bien el texto está relatado en tercera. Tiene un nombre esa técnica, que ahora se me escapa. Antes lal usaba bastante.
      Un gusto que te fueras conforme, Jorge.
      Abrazos y felicidades.

      Eliminar
  24. Hola Mirella,
    Me han gustado estas dos historias en una y la manera que consigues cerrarlas de una forma muy adecuada y hasta con un poquito de humor. La manera con que vas definiendo a los personajes y transmites esa soledad que ambos comparten, me ha gustado ver que Diego al final tenga corazoncito con la vieja pirada.

    Tengo que reconocerte que he tenido que ir recurriendo a la traducción de esas palabras en algunos casos para mi desconocidas, pero eso no dificulta la lectura.
    Un placer leerte.
    Felices fiestas y un abrazo muy fuerte Mirella.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En mi defensa por haber puesto tantas palabras desconocidas para la mayoría, digo que es una forma para que las neuronas se mantengan activas en la comprensión del contenido... jajajaja...
      Me alegra que al final te haya gustado y terminaras conforme con la lectura. Actualmente no escribo más con tantos coloquialismos, este texto es muy viejo.

      También felicidades para vos y un gran abrazo, Conxita.

      Eliminar
  25. Me gusta lo que escribes desde que te leo, y es un placer y un gustazo.
    Este cuento navideño si bien teñido de soledades dispares que acaban fundiéndose termina con la magia dulceamarga de estas fiestas para muchos.
    Una delicia con olor a jazmines.
    Y un beso grande y todos mis deseos para ti y mucha salud y todo lo que tú quieras va para allá.
    Te abrazo, Bella Dama.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sos de una enorme lealtad para con mis escritos, querida Eva y te lo agradezco mucho.
      También te deseo lo mejor y lo que más necesites para esta época de augurios, período que ya no se refleja en mí y tampoco en la mayoría, que lo vive como un momento consumista más.
      Un fuerte abrazo, querida amiga.

      Eliminar
  26. Gracias Mirella por tu fidelidad, y te deseo lo mejor para el próximo año.

    Muchos besos y felices fiestas.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es mutuo, Rafa, vos también siempre estás al pie de cañón (otra para la colección de expresiones), el significado es estar ahí, disponible, dispuesto. No sé si se dice en España.
      Un enorme abrazo, felicidades y todo lo mejor para vos y la familia.

      Eliminar
  27. Mirella "Estar al pie del cañón", también se usa mucho por aquí; al menos en mi casa, mis padres lo usaban con frecuencia.

    Más besos querida.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hay dichos que todavía se mantienen en las dos tierras.
      Besos, Rafa.

      Eliminar
  28. Fue un encuentro feliz e insólito como pocos. Da algo de mala espina ese Diego, a pesar de que uno simpatiza con el personaje por lo popular, por lo de pueblo que resulta.

    Solo resta esperar que Diego mantenga la paz, la cordura y el buen corazón durante toda la velada, y no le haga nada a esa pobre anciana ilusionada como una mozuela.

    Felices fiestas!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pensemos que Diego encontró su regalo: estar del "lado de adentro" de una casa distinguida y no pasar la Nochebuena con los suegros y cia.
      Un momento humano en el que se juntan dos soledades, diferentes, pero soledades al fin.
      Gracias, Julio, también te deseo felices fiestas.
      Un abrazo.

      Eliminar
  29. Respuestas
    1. Me da gusto que salieras contenta, Karin.
      Retribuyo tus buenos deseos y que pases una hermosa Navidad.
      Besotes.

      Eliminar
  30. Respuestas
    1. ¡Gracias, Manolo, por recordarme!
      Todo lo mejor para vos, muchas felicidades y un abrazo grande.

      Eliminar
  31. Merry Christmas to you, Mirella, full of happiness, love and joy.
    Here are my kisses, just for you . . .
    X X X

    ResponderEliminar
  32. Thanks, Rick, and my best wishes for you and family.
    Big hug.

    ResponderEliminar
  33. Que linda historia Mirella, tiene tu sello en los detalles, en narración justa y clara. Me encantó.

    Te deseo una Feliz Navidad, y que el niño Jesús te regale su bendición.
    Paz y Bien.

    mariarosa

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Imagino que disfrutaste de nuestras expresiones, al menos yo lo hago cuando leo relatos con muchos argentinismos.
      También te deseo muchas felicidades, que haya más paz, alegría y amor en este mundo.
      Un gran abrazo, Mariarosa.

      Eliminar
  34. Me encanta como las narraciones se entrelazan. Muy lindo cuento besos!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Madame Butterfly, bienvenida a este espacio y me da gusto que disfrutaras del relato.
      Besos.

      Eliminar
  35. Respuestas
    1. Hola Adolfo, qué grata sorpresa, tanto tiempo sin saber de vos.
      Gracias por la lectura y muchas felicidades para el nuevo año.
      Un abrazo.

      Eliminar
  36. Me ha gustado como narras ese caos desordenado en los pensamientos de Irene, mezclando los recuerdos de toda una vida con los hechos presentes, y a la vez lo intercalas con las escenas en la que interviene Diego, en un principio dos historias separadas que no parecen tener relación, hasta que ambas convergen por esas casualidades de la vida, regalándonos una escena entrañable muy adecuada para estas fechas navideñas. Es cierto como han comentado varios compañeros que las partes de Diego se hacen más difíciles de leer debido al lenguaje empleado, aunque lo has subsanado con acierto al incluir un pequeño diccionario al final del texto.
    Un saludo Mireia y feliz Navidad y Año Nuevo!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es muy satisfactorio saber que este texto viejísimo les gustó a todos.
      Gracias por el suculento comentario y me da gusto que no te molestara recurrir al "diccionario".
      Te pido disculpas por no haber seguido leyéndote, pero estuve con problemas y no pude empezar desde el comienzo la historia que estás publicando por entregas.
      Te deseo un año próspero en nuevas ideas para relatar y muchas felicidades en todas las áreas de tu vida.
      Un abrazo, Jorge.

      Eliminar
  37. Hola Mirella, vengo del blog de Ester AUTODIDACTA, atraida a pasarme por tu blog por los comentarios que te he leido, he aterrizado aquí y me he quedado pasmada por lo estupenda escritora que eres, magnifico y yo diría que insuperable relato.
    Ya tienes a otra seguidora nueva.
    Gusto en conocerte.
    Afectuosamente.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bienvenida a este espacio, Mari Carmen. Celebro que te gustara lo que leíste, Este cuento es viejo, estoy escribiendo bastante poco actualmente, pero intento mantener el blog con actividad.
      Muchas gracias por tu visita y por tus palabras.
      Besos.

      Eliminar